HABLANDO CLARO
Después
de varios años nuevamente se celebraba, de manera presencial, la reunión de
letras admitidas y reconocidas. Con el paso del tiempo, algunas habían perdido
valor en su reconocimiento, convirtiéndose en simples dígrafos, como la “che” o
la “elle; otras, sin embargo, habían tomado realce, pese a la insistencia por
parte de algunos intereses foráneos en que perdieran protagonismo, imagínese
esa “eñe” con su tilde en forma de guiño y su garbo añejo.
Bueno, al cuento, estaban las que
tenían que estar, y ya no hablaban de una forma telemática:¡¡¡Un placer!!! Esas
mayúsculas y sus minúsculas, esas vocales con sus consonantes; realmente,
estaban todas engalanadas como iniciales de palabra para celebrar la convención
como un encuentro largamente deseado. Antes del comienzo de cada sesión, se
formaban corrillos en el vestíbulo del salón de plenos. Todas estaban en espera
de oír los timbrazos de aviso para acceder a la sala de reuniones pero en un momento
determinado se oyeron unas voces estridentes que sobresaltaron a la mayoría de
las congregadas, no sólo por romper con el murmullo habitual sino por lo
inesperado del sonido.
Diez asistentes, formando un
corrillo, fueron el foco de atención de todas las demás. Las vocales,
mayúsculas y minúsculas, reclamaban la atención del resto de la concurrencia.
De tal manera, que se sintieron admiradas por un momento; aunque pretendían
serlo durante toda la asamblea y se habían propuesto conseguirlo.
Lo primero que hicieron fue reclamar
un reconocimiento público a la necesidad de su presencia para la formación de palabras
y, por ende, en la gramática y en el uso lingüístico. Se hizo un silencio en la
antesala, todas las letras escuchaban a la vocal oradora. Cada una de ellas, no sólo, señaló su
valor indispensable en las palabras sino también su capacidad como unidades
independientes. Como una coreografía ensayada se abrió el corro y comenzó un
desfile de vocales. Se adelantaron las Aaes, con ese donaire en su andar
inquebrantable de sentirse eternamente “primeras”. Les siguieron la E mayúscula
cogida de la mano con la e minúscula, sirviendo como nexo, cosa que hacían muy
pocas veces. Casi al mismo tiempo, la i minúscula se escondía, como una unidad
imaginaria, detrás de la I mayúscula, que destacaba el valor que la numeración
romana le daba. Las Ooes aparecieron como eran ellas: orondas, cerradas, curvas
y cogidas de las manos, formando una unión que no sembraba ningún tipo de
dudas. La marcha terminaba con las Uues que reivindicaban que solo en muy pocas
ocasiones servían también como puntos de unión.
Pero sucedió algo incomprensible
antes de entrar en el salón principal. Hacía tiempo que algunas vocales reclamaban
a las Ooes el protagonismo que tenían con el genérico. Las Ooes se sintieron
culpabilizadas y cedieron parte de su actividad a las Aes, sobre todo en los
sustantivos y concordantes. Los viejos académicos de la zona recuerdan el
dilema que surgió cuando se comenzó a plantear el uso normalizado del género en
primer lugar y más tarde la concordancia entre género y determinante, de tal
manera que aumentó el uso de las aes; por ejemplo, en muchas profesiones.
Basándose en esa resolución, las Ees intervinieron rápidamente, casi al
unísono, como si todo estuviera preparado:
— No, hay un error
en el enfoque del problema. Esto no es una partida de ajedrez donde se juega
con Blancas o Negras. No todo es masculino o femenino, es decir, mundo de Aaes
o mundo de Ooes. A nosotres solo nos dejan el plural y solo en algunos casos.
Nosotres exigimos el neutro o ambiguo para todos los sustantivos que
identifiquen el género.
Se hizo el silencio. Las Ooes
digerían lo escuchado. Las Aaes en un acto de solidaridad asentían con la
cabeza prestando toda su atención a lo que decían. Tanto las Iies como las Uues
se sintieron ignoradas, discriminadas y relegadas; no admitían esta revolución
en el uso habitual de las vocales en las que ellas no fueran incluidas. ¡¡¡Las estaban
excluyendo!!! de una realidad que se modificaba cada día. ¿Por qué?; ¿Podían
ser ellas las protagonistas del siguiente movimiento genérico revolucionario
que se pudiera producir?
Además las Iies se sentían
infravaloradas porque solo tenían representación en el mundo matemático pero no
tenían identidad propia en la lengua española. Las Uues, sin embargo, quisieron
constatar que eran las menos utilizadas como comienzo de palabra.
Así que, ni cortas ni perezosas,
reclamaron casi exigieron que desapareciera el género: masculino, femenino,
neutro, ambiguo,… con el propósito de una equilibrada participación de todas
las vocales en la lengua. De tal manera que se pudiera utilizar cualquier vocal
para determinarlo. Podría ser que fuera impreciso para la comunicación en
algunos casos, pero eso no era importante si ninguna vocal se sentía rechazada.
Es más, en caso de dudas se podrían incluir todas las variantes como señal de
concordancia y advenimiento entre las vocales para no sembrar la discordia de
las (les, lis, los, lus) participantes.
Las consonantes se quedaron
boquiabiertas ante el espectáculo ofrecido por las vocales. Así que atónitas
ante aquella representación de las vocales pasaron enmudecidas al salón de
plenos y tomaron su asiento correspondiente. Por una vez, el orden del día de
la reunión pasó casi de puntillas en espera del último punto para dar respuesta
a lo acontecido en los preámbulos. Ante el último punto de Ruegos y preguntas
las vocales expusieron, nuevamente, sus requerimientos en cuanto a la revisión
del género. Pero en ese momento recibieron respuesta de diferentes consonantes.
—Se
perderá la esencia de la comunicación.
—Tendemos
al mensaje corto, se alargará.
—
¿Quién tomará el protagonismo?
—
¿Todas o una?
— ¿Diversificación?
Como por arte de magia los brazos de
las consonantes se disparaban en alto para solicitar su turno de intervención argumentando
respuestas o planteando preguntas para su justificación. Dado la complejidad
del asunto la presidenta decidió que se realizara un estudio detallado del tema
por una comisión y la necesidad de elaboración de un informe para analizarlo con
posterioridad.
La comisión se constituyó por todas
las vocales, mayúsculas y minúsculas, y el mismo número de consonantes, es
decir, en total veinte integrantes. Todavía no se ha terminado el comunicado de
la investigación; las vocales no se ponen de acuerdo.
Eladia Ráfer
9 – Julio - 2023
En
octubre de 2025 no se ha terminado el informe pero la controversia sigue
vigente. Ahora se cuestiona la posibilidad de designar al género con un símbolo
nuevo, ni vocal ni consonante; no sé cómo lo querrán pronunciar.








