Por mi condición familiar he practicado la cultura UNISEX, durante mi vida. Me ha costado disfrutar del color rosa ya que siempre se asociaba a una diferenciación social, bien como privilegio, como debilidad o como inferioridad. Pero la esencia de este movimiento ha sido la igualdad, no sólo en la moda, el estilo, los colores... sino en el planteamiento de vida.
La película marca una diferenciación clara entre la masculinidad y la femineidad y el dominio de cada uno de estos aspectos en los distintos mundos (el real y el de fantasía de Barbie). Al final, después de algunas incursiones en los dos mundos, se atisba pequeños o ¿grandes? cambios en los estilos de vida de los protagonistas.
Hemos pasado del UNISEX que surgió en las últimas décadas del siglo pasado al UNIGÉNERO que debería existir en los momentos actuales. Personas reconocidas por lo que son: personas; con independencia del sexo que tengan o del género que asuman, es decir, sin etiquetas que me desglosen la composición que tienen en la primera impresión (% de fibra y % de algodón).